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A través de nuestros ojos

10La luz entra a través de los pocos huecos que deja la persiana a medio cerrar, José Ramón puede sentir la suave brisa que acaricia su cara, y la tenue luz le recuerda que tiene que levantarse para ir a trabajar.

Antes de nada tiene que leer la pizarra que tiene en el pasillo, nada más salir de su habitación. Ésta es negra y de grandes dimensiones, y en ella anota todo lo que tiene que hacer en el día, para no olvidar nada, incluso las cosas más elementales, como coger las llaves, apagar las luces y dejar todo en orden.

Ha ido al baño, se ha aseado, afeitado y por último el after save. Cuando termina, se acaricia la cara, y la suavidad de su mejilla le recuerda a su madre, que haciendo el mismo gesto se lo decía cuando era pequeño, “qué cara más suave tiene mi niño. Cuando yo falte, recuerda hacerlo todos los días y así me sentirás cerca por mucho tiempo que pase”.

Sus padres siempre le recordaban que era una persona muy especial, y que esforzándose lograría todo lo que quisiera, pero que nunca, nunca, permitiese que nadie se riese de él.

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Condena a un destierro

08Todo comenzó hace seis años aproximadamente, Nacho estaba pasando una mala etapa. Hacía años que sufría una fuerte depresión, pero nadie veía que realmente le pasara nada. La familia, el trabajo, los amigos, todos decían que eran cosas suyas, pero en realidad a Nacho le ocurría algo bastante amargo y duro que le hacía sentir mal.

Empezó un ir y venir de médicos de todo tipo sin dar con lo que le pasaba en realidad, hasta que un día un doctor le dio un diagnóstico: trastorno bipolar. Todo se le cayó encima, no sabía qué hacer, por dónde tirar o cómo afrontarlo. Pasó un tribunal médico donde le dieron una incapacidad y entonces comenzaron los verdaderos problemas.

Todo ha ido de mal en peor, se metió en sí mismo sin saber qué hacer. El día a día era terrible, no quería levantarse de la cama ni salir de casa, la gente empezó a darle de lado y la familia no le apoyaba lo suficiente. Fue dando tumbos de psiquiatra en psiquiatra y de asociación en asociación, pero su malestar y su tozudez a no ver que tenía que continuar con su vida y dejarse ayudar no le dejaban avanzar.

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La Miga

04bTodo empezó a los doce años cuando un tren arrolló y mató a mi amiga. Yo no lo supe pero sospecho que aquel accidente cambió mi manera de ser, de pensar y de sentir. Tardaron unos años en diagnosticarme esquizofrenia y bulimia atípica. Intenté llevar la vida normal, estudié y trabajé sin éxito pero nunca estaba satisfecha (angustia y ansiedad). También intenté tener relación con amigas y pareja, tampoco lo conseguía, porque me invadían pensamientos negativos que me hacían sufrir.

Ahora que soy consciente de que esos pensamientos puedo cambiarlos por otros más positivos, me encuentro más contenta, satisfecha y tranquila. Gracias a mi madre tengo un techo y un plato de comida y ninguna preocupación económica.

Estoy ilusionada con el deporte, ANASAPS, el barrio donde vivo, mis amigas y el cine, y me siento afortunada de vivir con mi madre y mi perrita.

Desearía en el futuro ser lo más independiente que pueda, para mí es importante tratarme bien y tratar a las demás personas bien.

• Pan •

Esforzándose cada día

caminoNació como un niño normal y corriente, creció en una familia humilde, se formó en la escuela, se divertía como todos los niños, los estudios que realizó fueron la ESO. Fue creciendo en un entorno donde no había mucho dinero, le salían trabajos esporádicos de contratos de 6 meses y a veces campañas de trabajo. Del dinero que ganaba, una parte se la quedaba él y otra se la daba a su familia.

Por aquel entonces se divertía saliendo con sus amigos, bebía alcohol y tomaba drogas, así todos los fines de semana. Fueron pasando los años con esa clase de vida, hasta que un día empezó hacer cosas extrañas, fuera de lo normal, y entonces fue al médico, le hicieron unas pruebas y le diagnosticaron una enfermedad mental.

El médico le diagnosticó una Esquizofrenia Paranoide, su familia se dispuso a gestionar con el médico todo lo que había que hacer, para que él pudiera llevar una vida como es debido, dentro del grado de minusvalía que la enfermedad le había ocasionado. El médico gestionó los papeles para que le asignaran una pensión con el grado de minusvalía que tenía y una medicación, y así pasó un tiempo y luego lo llevaron para que estuviera ocupado durante unas horas en un centro para personas con trastorno mental grave. Y así, él fue a ese centro donde cuidaban de las personas, ocupándolas con trabajos muy fáciles de hacer. Él, al final, poco a poco, se fue adaptando a la nueva situación, e iba consiguiendo metas.

Salía de excursión con el centro y las personas encargadas de él. Empezó a lograr objetivos y a demostrarse a sí mismo y a la sociedad que podía ser útil y romper el estigma que hay en la sociedad sobre las personas con trastorno mental grave.

Y así fue pasando el tiempo, meses, años, ejercitándose, colaborando en las tareas y cumpliendo con los objetivos marcados. Y ahora está en una residencia donde lo cuidan y donde acabará sus días.

• Jacinto •