Casi Neptuno

07Óscar nació en Donosti, tenía unos padres que le querían mucho. Su madre tuvo un parto difícil, fue por cesárea, y por ello lo trataban con mucha dedicación. Óscar se sentía feliz en su casa del puerto, no tenía muchos amigos, pues sentía que no era como los demás.

Un día, cuando tenía siete años, sus padres tuvieron que ir de viaje, pero lo que tenía que ser un viaje con feliz regreso, se convirtió en una tragedia. Sus padres murieron en el accidente.

Óscar quedo solo, el quedarse sin familia lo dejó sumido en la desesperanza. A los pocos días, decidió meterse mar adentro, no se dignaría a vivir solo. Poco a poco fue adentrándose en el mar, el agua estaba helada, notaba el frío hasta dentro de los huesos, pues era invierno. Siguió adentrándose en el mar, cuando llegó a un remolino pensó: “ahora me reuniré con mis padres”, pero notó que en el remolino podía respirar y que, tras zarandearle el mar, no pasaba nada. Se quedó muy sorprendido, descubrió su poder de respirar debajo del agua así que, por un lado había buscado la muerte, pero por otro, estaba encantado con su nueva habilidad. Salió del mar andando por el fondo.

Cuando llegó a su casa, los servicios sociales se presentaron allí y le pusieron al día de lo que iba a pasar. Óscar fue a casa de su vecina Cristina, que era una señora ya con canas, y le contó sus penas. La mujer habló con los servicios sociales y se decidió que Óscar viviría con ella. Esta señora era viuda de un conocido marinero, solía ir a la iglesia que hay en el puerto y rezar por él y ponerle flores.

Óscar, aunque era inteligente, no quería ir al colegio, y se escapaba. Cristina le preguntaba qué hacía cuando no iba a clase, Óscar no contentaba nunca. Cristina trabajaba arreglando redes de mar debajo de la casa en un pequeño garaje que tenían.

Cristina le ofreció aprender el oficio, así es como Óscar dejo los estudios y se puso a trabajar con Cristina. Cristina era medio pobre y Óscar intentó ayudar.

Un día se le ocurrió fabricar un tridente para coger algo de pescado, para tener lo suficiente para comer y lo sobrante vender en la lonja. Cada amanecer Óscar se metía en el mar y con su tridente pescaba y llenaba su bolsa de rafia de peces, pulpos, anchoas, erizos de mar, merluza, gallo y demás.

Cristina estaba un poco mosca pero Óscar no respondía, tentado estuvo, pero decidió guardar su secreto para más adelante, aún no se conocían demasiado bien. Cristina era afable, cariñosa, bondadosa y cuidaba a Óscar como si fuera su hijo. Óscar se encargaba de ayudar con las redes a su nueva madre, y entre los dos preparaban todo para el día siguiente.

El tiempo fue pasando y Óscar cumplió los catorce, echaba de menos a sus padres pero con Cristina estaba bien. Hablaba de todo con ella, de sus dudas, miedos, alegrías, menos de su gran secreto.

Después de terminar con las redes, Cristina le daba permiso para ir a pasear, Óscar solía ir hasta la ermita del paseo nuevo, se sentaba y pensaba, varios días vio un spaniel.

El perro se acercaba donde él y le lamia la mano. Preguntó a Cristina si lo podían tener, y lo acogieron en sus vidas. Yaco, que se llamó el perro, seguía a todas partes a Óscar, el tiempo pasaba y Óscar ansiaba ir a otros mares. Un día, con el permiso de Cristina, cogió a Yaco y se fue de mochilero a Santander. Escogió la playa de Laredo, dormían en la playa, Óscar se adentraba en el mar, Yaco se tumbaba en la arena y esperaba dócilmente. Una chica solía pasar corriendo todos los días al amanecer, un día se acercó a acariciarlo y así es como comenzaron a hablarse. Elena, que así se llamaba la chica, era pelirroja, con cuerpo atlético, muy sonriente. Pasaron los días de estancia en Laredo, se dieron las direcciones para mantener correspondencia, le contó que había terminado filosofía y letras y quería un año sabático, era feliz con sus padres pero ansiaba cambiar de aires. Así estuvieron un tiempo hasta que Elena fue a San Sebastián, la recibieron muy bien, estuvieron tan bien esos días que la invitaron a quedarse y fue en ese momento que Óscar decidió decirle a su madre Cristina y a Elena su gran secreto. Cristina y Elena no podían dar crédito, les convenció para coger la barca vieja que tenían amarrada y así vieron la capacidad de Óscar, Cristina lloraba de la emoción, volvieron a casa y Óscar propuso que Cristina dejase el trabajo de las redes y poner una pescadería.

Entre los tres se encargaron del negocio, Óscar traía el pescado y Cristina y Elena se encargaban de venderlo. Fueron tiempos de bonanza. Óscar y Elena se hicieron pareja, vendieron la casa de Cristina y fueron a vivir a casa de los padres de Óscar que estaba en mejor estado. Tuvieron una niña, Haizea. Con siete añitos Haizea comenzó también como su padre a respirar debajo del agua, no se lo dijeron a nadie, no querían convertirse en monos de feria.

Sus vidas estaban dedicadas al mar y fueron felices. Haizea terminó trabajando en el acuario de San Sebastián por sus conocimientos del mar, el resto siguieron con la pescadería. Las cosas fueron bien y todos pudieron estar satisfechos con su vida, el mar les dio todo. Óscar casi fue como Neptuno y Haizea la hija de Neptuno.

• Estrella de la mañana •

Share

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *