¡Querer es poder! ¡Fijo que yo lo consigo!

06─ ¡Diantres! ¿50 kilos me sobran?

─ Pues sí, tan diantres. ¡50 kilos! Aquí lo dice esta tabla ─dijo Mila─. ¡120 kg es casi el doble de tu peso ideal, señorita, casi dos Anas! Esto es muy serio, pero mucho.

─ ¡Casi dos Anas! ¿O sea que debería desaparecer una? ─pregunté horrorizada.

─ Así es ─contestó atenta la enfermera.

Mi cara se expandió en una mueca de incredulidad y sorpresa. La temperatura de mi cuerpo entró en ebullición en la consulta de enfermería, donde, el ligero calor hasta entonces existente, era provocado por la tenue luz que entraba por la única ventana que daba a la calle.

No pude evitarlo. Lágrimas de rabia y de vergüenza, hasta entonces contenidas, comenzaban a surcar mis redondas mejillas, dejando huellas brillantes conforme llegaban a su fatal destino.

─ ¿Cómo me ha podido pasar? ¿Qué he hecho mal? Aunque… me lo merezco.

El silencio se adueñó de la sala donde ella me controlaba el azúcar y el peso, además de la tensión.

─ Me… yo… me decías que podía pasar… ─balbuceé con la cabeza baja─. Nunca pensé que me ocurriría, ¡a mí! Aunque ahí está: por tomar tanta leche con descafeinados, tanto rico bocadillo, dulzainas, vinagrillos. Por no guardar las horas entre comidas o comer muy rápido. Ahora me explico los desarreglos de mi estómago.

─ Ana, claro. Ahí están. Ahí tienes los motivos que te han llevado a engordar. Tú los has dicho. Por lo que los análisis tampoco están para tirar cohetes. Aunque reconozco que han mejorado un poquito en relación a los últimos.

─ ¿Han mejorado? ─pregunté esperanzada.

─ Sí, algo has comenzado a hacer. No sé, se te nota un cambio de actitud. Pero aún te queda mucho por conseguir.

El silencio se adueñó de la consulta, aunque en seguida fue roto por Mila.

─ ¡Vamos! ¡Ánimo! ¡Espabila! ¡Tú puedes! ─añadió confiada ésta.

─ ¿En serio? ¿Tú crees que puedo? Entonces… ¿cuál es la receta? ¿Qué me recomiendas? Aunque no me lo digas, lo sé de memoria. Pero ¡cuesta tanto cumplirlo…!

─ En efecto cuesta. Y te costará. Y la receta la sabes. Te la he dicho miles de veces. Nada de picoteo. Come cinco veces al día. No tomes tanta leche, ni tanto bocadillo, ni tanta coca-cola, ni tanta bebida con gas. Los snacks de patatas fritas de bolsa grande tienen 900 calorías, la mitad de una ingesta diaria, bombas de relojería.

─ Me encantan las coca-colas, son una necesidad para mí, auténticas drogas. Y la cerveza sin alcohol con limón y los ganchitos del cine ni te cuento. ¡Me encantan!

─ Nada de ganchitos. Y con relación a los refrescos, no quiero que dejes de tener vida social. Eres joven. Es normal que salgas. Bebe, pero ponte límites.

─ ¿De cero a tres bebidas con gas por semana? ¿Por ejemplo?

─ Por ejemplo… Además no está todo perdido, Ana, tienes puntos a tu favor.

─ ¿Cuáles? Porque yo lo veo todo negro.

─ Ni fumas, ni bebes alcohol. Y te hemos cogido a tiempo. Aún está en tu mano el poner remedio. No dejes escapar esta oportunidad. Puede que ya no haya vuelta atrás.

 ─ Pero yo sola no lo consigo. Me supera y mira que lo intento. Necesito ayuda.

─ Te comprendo. Te ocurre que has entrado en el círculo y cuesta salir de él.

─ ¿De qué círculo hablas? ─yo no tenía ni idea de lo que ella me diría.

─ Es sencillo. Picoteas por ansiedad, aburrimiento, gula, medicación sobre todo psiquiátrica, o lo que sea, y engordas. Al engordar, te sientes mal y comes; con lo que engordas. Y vuelta a empezar. Es difícil salir, pero tienes que poner remedio.

─ Entiendo. Pero ya intento estar en otra onda. Por eso he mejorado. Porque tengo el tiempo justo y no puedo, ni quiero, desperdiciarlo por nada del mundo.

─ ¿El tiempo justo para qué? ─ahora quien ponía cara de incredulidad era Mila.

─ ¡Sí! ¡El finde del 7 de Octubre! ─una gran sonrisa iluminó mi rostro.

─ ¿Qué ocurre ese finde?

─ A mi pareja y a mí nos encanta recorrer la geografía española para ver algún que otro concierto de nuestros cantantes favoritos siempre que nos lo podemos permitir, por cuestión de fechas y sobre todo de dinero. Lo convertimos en nuestras vacaciones.

─ Entiendo. Continúa…

─ Y el 7 de Octubre es el concierto de Laura Pausini en Madrid. Blanca y yo tenemos las entradas. ¡No nos lo perderíamos por nada del mundo! ─Mila escuchaba muy atenta, por lo que continué─ El finde pasado, Blanca y yo fuimos a Lleida. Asistimos a la actuación de Vanesa Martín. La cantautora estuvo genial. Pero yo…

─ ¿Pero tú qué?, continúa, me tienes muy intrigada.

─ Pues muy sencillo. Yo me he visto muy justa de fuerzas. Deseaba con todas mis ganas que se produjese un milagro y pesar mucho menos. Pero nada. Está visto que sólo hay una forma de que yo pierda kilos: comiendo menos cantidad de comida, cuidando lo que como, y haciendo el ejercicio físico que permita mi dañado corazón.

─ Así es. Sólo así lo lograrás. Y no hay más. Todo lo demás, nada de nada…

 ─ ¡Jolines! ¡Que me he encontrado muy torpe y muy cansada, y sólo tengo 42 años y esto no es vida! ¡Incluso llegué a pedir a mi madre que nos acompañase al tren por si yo no podía subir las escaleras del mismo y tenía que empujarme ella del culete!

─ ¡Anda, anda! Aunque más vale que ya lo ves. Desde que te lo estaba diciendo yo. Me alegro de que te hayas dado cuenta. Si seguías por ese camino, mal ibas.

─ Sí, ahora lo veo. Y además que no quiero que el próximo concierto vuelva a ser una escapada a dos velocidades, en la que Blanquita se vaya a callejear, y yo, al no poder seguirle el ritmo, tenga que quedarme sola en el hotel a descansar y poco más.

─ ¡Vaya, normal! ¡A mí no me gustarían mucho unas vacaciones así! ¡Eso tiene muy poco de vacaciones en pareja! ¿Qué dice Blanquita?

─ Ella se resigna, pero no le hace mucha gracia. Y a mí me entristece, y me fastidia un montón el quedarme en el hotel y no poder estar con ella, por lo que mejor poner remedio cuanto antes, ahora que estoy a tiempo. Ya te digo… no podría vivir sin mi música y mucho menos sin mi pareja. Lo tengo muy claro: disfrutar con Blanca de las escapadas y los kilos de más son incompatibles, por lo que seguiré luchando.

─ Cuéntame, ¿haciendo qué? ─su cara mostraba gran interés por mis palabras.

─ Al estar con la gripe, descubrí que la leche no me sentaba nada bien. Además no tomo tanta al averiguar que no es muy sana y engorda mucho. Y estoy aprendiendo a masticar más y no comer tan rápido para no tener tantos problemas estomacales, saborear más la comida, y no engordar tanto.

─ ¡Mejor! ¡Haces bien! ¡Son medidas muy importantes! ¿Algo más?

─ Sí, así es. Tengo muy claro que me gustaría realizar con mi pareja actividades que antes no podía realizar. Y como ya he conseguido verme en el espejo, cada vez más guapa, estoy al deseo de lucir ropa bonita, y en tallas grandes, como que no hay mucho. También que subo y bajo mejor las escaleras y esto me anima a seguir y, por nada del mundo, me gustaría ir al hospital por problemas de salud.

─ ¡Normal! ¡Ahora entiendo tus mejoras! ¡Continúa así!

─ ¡Claro! No quiero que me digan que soy joven y que no destroce mi vida sin aprovecharla de manera sana y equilibrada. Por lo que he mejorado al cuidarme. Y tengo más ganas de hacer más cosas. Por lo que mejor estar cuánto más ágil pueda. Y te aseguro que quiero seguir descubriendo las bondades de las cosas bien hechas.

─ Veo que sí hay cambios. Aún estás a tiempo. ¡Enhorabuena! ¡Tú continúa así!

─ ¡Sí! Por mi parte no ha de quedar. Creo que a esto se le llama recuperar el juicio, tal como me dijo el psiquiatra que yo hiciera en mi última consulta.

─ Yo también lo creo, ya comienzas a entrar en razón. ¡Sigue así! ¡Seguro que lo logras! ¡Ya verás cómo sí!

─ ¡Sí! ¡Lo lograré! ¡Yo quiero y yo puedo! ¡Querer es poder! ¡Fijo que yo lo consigo!

• Lianna Lianna •

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