Sé que me quieres

Si me preguntasen qué ha sido más duro hasta hoy en mi vida, diría que tú, cariño mío.

Recuerdo que vivía hace ocho años en un piso de alquiler en Santesteban cerca de Donamaría. Hay cosas demasiado duras para contar, así que escribiré hasta donde mi corazón pueda.

Ni demasiado joven ni demasiado mayor para tenerte, lo que pedí en un viaje por Fátima (Portugal) se iba a cumplir, me quedé embarazada de ti, fue algo que al saberlo me hizo muy feliz, pero más tu nacimiento.

Antes estaban los nueve meses de gestación, me detectaron diabetes gestacional y tuve que hacer un gran esfuerzo para que no se complicase el embarazo, así que, tras todas las comidas, iba a andar, unas veces con los perros de los abuelos, otras veces sola y otras con tu padre, todo para que el azúcar estuviese estabilizado. Lo hice todo con sumo rigor hasta que las piernas comenzaron a hincharse y me tuvieron que poner insulina, así hasta el feliz nacimiento.

Recuerdo que tras devolver la anestesia me bajaron a la habitación y ahí pude comprobar lo hermoso que eras. Toda la gente me lo decía y yo orgullosa te exhibía. Recuerdo nuestros primeros contactos, te ponía entre mis rodillas tumbada en la cama y parecía como si me sonrieses. Aun no veías, pero sentías, el primer baño, el control de tu cordón umbilical hasta que se te cayó estando ya en casa.

Recuerdo que con mucha ilusión compramos una pequeña parcela y un carpintero de Irún nos construyó una casa de madera. La casa era preciosa. Quién me iba a decir que los sueños de tu padre no iban a ser los mismos.

La casa tenía tres dormitorios, un baño, una cocina y un salón. El salón tenía acceso a la cocina a través de unas compuertas como las del oeste americano. Tenía también un porche al que se podía acceder desde la cocina y el salón. Estaba barnizada por fuera para evitar que bichos malignos anidasen en la madera. El tejado común como cualquier otra casa, con una chimenea por la que salía el humo de la estufa de leña situada a un lado del salón. En la sala, una biblioteca con los libros que yo había leído durante mi vida y aún los conservaba. Cristales dobles para las ventanas, con contraventanas de madera.

La casa estaba semiaislada del pueblo pues cerca estaba el caserío de los tíos de mi hijo.

No podía presagiar que algo malo iba a venir, todo fue muy doloroso hasta que caí enferma. Fue casi todo circunstancial, indecible, veía como poco a poco te iba perdiendo y no podía hacer nada para retenerte, hasta que llegó la durísima separación. Dos añitos para poder entender nada, mejor así. Sufrí lo indecible mucho tiempo, llorando hasta que mis ojos quedaron secos.

Informes al juzgado y puntos de encuentro odiosos donde me costaba estar vigilada por una persona. La vida se me complicó, perdí todo y acabé viviendo en un piso tutelado hasta que solicité un piso de “VPO”.

Sólo vivía para el momento de verte, estaba rota en mil pedazos.

Ya nada me importaba más que poder verte. Me concedieron el piso y soñaba con que vivieses conmigo. Resultó imposible, demasiados ingresos.

Perdí las visitas en el punto de encuentro. Por ser yo misma. Duro castigo, dos años sin verte. Gracias a un psiquiatra conseguí recuperar tus visitas, pero era muy difícil ser yo.

Dejé de pagar tu mensualidad, luego me la embargarían hasta pagar la última. Un día coincidí con tu padre y me ofreció la posibilidad de estar contigo a solas durante dos horas una vez al mes y así comencé a encontrarme un poco mejor.

No te tenía cuando quería, pero podía estar contigo a solas. Los años han ido pasando y ahora eres un jovencito de diez años, se te ve bien cuidado, así que, aunque a mí no me quiso, a ti te quiere y tu le quieres, es importante para tu crecimiento.

Yo no me he movido de Sarriguren y aquí llevo mi vida sencilla sin grandes complicaciones. Espero el día de tu visita y hago que estés lo más a gusto posible, no te cuento nada de lo malo de mi vida y hablo de las pequeñas cosas que van surgiendo en cada visita.

Sueño despierta, aunque de vez en cuando las dudas se me aparecen, sé que me quieres y los besos te los doy por los dos.

Ya no dibujas nada para mí ni me haces nada para el día de la madre, sé que me quieres, si me olvido del kínder sorpresa me lo pediste y te lo compre por partida doble, sé que me quieres. No me cuentas ya lo que acontece en tu día a día, después de tanto tiempo sin verte yo te quiero el doble porque sé que me quieres pequeño mío, por cómo me miras con tus ojos azules, las dudas desaparecen porque eres parte de mí, SÉ QUE ME QUIERES.

• Lord Byron •

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