La casa de la llanura

05En lo más alto de la llanura había una casa pequeña con un huerto a su lado, donde vivía una familia: cuatros hijos y los padres.

Julen era el hijo pequeño, cuando su madre se puso de parto el tiempo era muy malo, frío y lluvia durante toda una semana, así que el terreno para llegar a la casa estaba complicado y la comadrona tardó en llegar, el parto se estaba complicando, llevaba muchas horas y no avanzaba, la mujer empezó a tener miedo. Cuando llegó la comadrona, justo había nacido el bebé, tuvo tiempo de cortar el cordón umbilical y limpiarlo, pero se encontró con un bebecito con un color muy rojizo y con una evidente dificultad al respirar, síntoma de que el niño había sufrido en esas horas. Así que tenían que llevarlo al hospital porque su vida estaba en un hilo.

Con el temporal, el padre cogió el coche junto con el mayor de los hijos y fueron al hospital. El padre en el hospital recibió la peor noticia que quería oír, el niño había sufrido durante el parto y las secuelas de esto hacían que el niño tuviese problemas de salud. Así fue, el niño crecía con más lentitud y mentalmente más despacio, nadie sabía hasta dónde podía llegar todo.

El médico, en vez de quedarse en la pena, animó a los padres diciéndoles: hay que trabajar con el niño todos los días, haciendo ejercicios específicos para ir recuperando, aunque no sabremos cómo podrá influir, pero pronto fue dando sus frutos y el niño iba haciendo progresos a la vez que necesitaba una medicación específica que no podría dejar durante su vida para estabilizar sus pequeñas crisis.

A mí, como Alcaldesa, alguna vez que otra me tocaba subir para darles noticias, y en otras ocasiones era la tía Mapi la que subía. El pequeño era su ahijado y en estos momentos los dos iban al pueblo a pasear, a jugar al parque con otros niños y a contarle historietas que le gustaba y escuchaba sin pestañear.

La casa necesitaba muchos arreglos, sus maderas estaban desgastadas, rotas, o directamente ya no estaban, así que en el invierno entraba un frío gélido y goteras que subsanaban con cubos, y en el verano se concentraba el calor.

Era una familia muy humilde, pero era curioso, ya que al entrar en ella se respiraba una gran calidez, amor, tranquilidad y respeto, aún estando los niños en la casa. Los niños se llevaban muy pocos años de diferencia unos de otros y disfrutaban yendo al río a bañarse en verano, el pequeño Julen siempre estaba cuidado por todos. Era un niño tranquilo, callado y muy solitario. Cuando llegaban del colegio y después de merendar, uno u otro de los padres hacían los ejercicios que el médico les iba indicando, no había día de fiesta. Sí se veía mejoría, muy poco a poco, fruto del trabajo, pero sus padres sufrían pensando cuando el niño fuese creciendo. Los niños, todas las mañanas se levantaban muy pronto para recorrer el camino hacia la escuela y volvían a la tarde todos juntos. La tía seguía subiendo cada quince días trayendo aire nuevo.

Los hijos fueron creciendo y con ello el momento de salir de casa para trabajar en la ciudad y así poder ayudar a sus padres y poder formar su propia vida. Sólo quedaba Julen y sus padres, no querían que nadie le hiciese daño. El joven pasaba mucho tiempo al lado del río, sentado en una piedra y escuchando el sonido del agua pasar entre las piedras. Su pensamiento iba madurando y él sabía que quería salir de casa como sus hermanos. Cuando una noche, mientras cenaban, Julen les comunicó a sus padres que dentro de unos meses, en el buen tiempo, había pensado en marcharse y vivir en la ciudad. Los padres se vieron sorprendidos, escondieron su miedo, ya que le veían muy ilusionado, con un brillo en los ojos que no le habían visto nunca. Desde que su tía supo la noticia subía más a menudo, tomaban café de puchero y no dejaban de hablar. En estas conversaciones el joven empezaba a saber lo que se podía encontrar en su camino, pero el silencio de momento era su aliado. A este respecto el médico les tranquilizó, ya que durante la etapa que el niño iba al colegio tenía una persona que le apoyaba en sus dificultades y le ayudaban para que aprendiese a ser lo más independiente posible.

Sí, era una gran incertidumbre, pero no le dejaban solo, iría a un piso con más compañeros, teniendo un cuidador o una persona responsable por si los chavales necesitaban ayuda.

Los meses pasaron muy rápido y las flores del campo nos indicaban que el buen tiempo estaba llegando, y con ella la marcha anunciada. Así que llegó el día, estaban los padres y la tía Mapi.

Los padres le dedicaron unas palabras muy hermosas: Ya sabes que siempre te hemos querido a ti y a tus hermanos. Aunque nunca hemos tenido lujos, lo nuestro era lo más importante, nos queríamos, os abrazábamos y acurrucábamos en nuestro regazo. Erais nuestros hijos, unos hijos muy muy buenos y eso es un regalo que nos ha dado la vida.

Ya no había que demorar la despedida, la tía le dio un beso y un gran abrazo diciéndole al oído que le quería mucho y que todo le iba a ir muy bien. Por su parte, sus padres le dieron una carta y le dijeron: ábrela cuando estés en el piso, en tu habitación, cuando lo hagas, lo sabremos. Esto que leerás es importante para nosotros, para ir pasando por la vida. Si quieres la puedes poner en la pared y así todos los días te acordarás de nosotros, de nuestro amor. Abrazó a su padre durante un buen rato y luego hizo lo mismo con su madre, era difícil esta despedida para todos.

El muchacho tomó su pequeña maleta y empezó a caminar, sus padres y su tía no se movieron hasta que Julen se alejó tanto de la casa que su figura ya desaparecía.

Después de unas horas de viaje llegó a su destino. Llevaba la dirección escrita en un papel y no tardó en encontrarla, ya le estaban esperando para darle la bienvenida, estaba nervioso y contento a la vez. Le dijeron cuál iba a ser su habitación, dejó la maleta en el suelo, estaba muy cansado y se acostó hasta la hora de la cena.

Después volvió a la habitación y se acordó de la carta que tenía guardada, con mucho mimo la abrió.

Querido hijo: EL GUERRERO

El ganador de batallas no es el que llega primero sin esfuerzo al castillo, si no aquel que en el camino encuentra obstáculos, piedras, charcos y que, con su actitud, constancia, empuje y creyendo en él, no se achica y va pasando por ellos aprendiendo estrategias para superarlos y que le van haciendo más fuerte. Sin tiempo, llega al castillo, sudoroso, hambriento, pero lo más IMPORTANTE, SATISFECHO DE SU CAMINO PORQUE DE ÉL SALIÓ REFORZADO.

ESTE GUERRERO PUEDES SER TÚ.

• Txolarre •

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